lunes, 20 de enero de 2014

Reflexiones de una madre sobreprotectora

-¿Estoy despierta? Cómo demonios lo sabré, si no se pueden llegar a cerrar los ojos realmente...Siempre te persiguen los substitutos, los ojos de la mente. Inténtalo si lo deseas. Llámame loca. Pero te digo que si los cierras...Soñarás.- Le dijo la mujer a su hija.
La niña, sin decir palabra, cerró los ojos. Y entonces ocurrió: empezó un viaje con criaturas creadas por ella misma, músicas extrañas pero que a sus oídos parecían hermosas y muchísimas historias que le venían a la mente. Eso era soñar, cerrar los ojos, pero solo para conseguir abrir la mente...Todo era un círculo vicioso del que solo muriendo se podía escapar. Nunca, al menos en vida, llegaría la niña a cerrar los ojos y no ver nada. Nunca podría desconectar realmente cuando tuviera problemas, y lo peor es que no solo ella tenía sobre si esta maldición. Toda la raza humana llevaba sobre ella, sin darse cuenta, un tormento malvado que siempre, hasta su extinción, les perseguiría a cada uno de ellos personalmente...