miércoles, 18 de diciembre de 2013

Brillo de amor nocturno

                                                                 Brillo de amor nocturno

Platenda era hermosísima, la más bella de las mujeres. Vivía sola, aislada del mundo, mas seguía resplandeciendo en la oscuridad. Su única madre era la misma que todos y todas tienen, su casa tambien era su madre, aunque Platenda solo la visitaba por las noches.
 Su nombre; Platenda, había sufrido tantas variaciones con los años que ni ella lo tenía muy claro. Solo tenía un ser querido, mas era un trágico amor: su Sol solo salía de día, lo cual era para ella prohibir la más sagrada norma según las normas de su reina y madre: La Tierra
                                                               
           La pequeña Akinxes sufrió aquel día más que nunca antes, por culpa de aquella maldita luna llena que todas las noches parecía mirarla con curiosidad, con ese... ese aro poderoso. Había decidido que se había vuelto majara, ¿cómo iba a hablarle la Luna? Tonterías. No era verdad. La última vez le había dicho:
"Akinxes, soy Platenda. Pronto moriré, y debo elegir una sustituta que ocupe mi lugar en lo alto del cielo, alguien que posea una belleza semejante a la mía. Tú, niña, mereces ese puesto. Lo siento, me tendré que suicidar para no amar al Sol por toda la eternidad. Será tu condena y tu bendición, pequeña Akinxes, lo siento..."
 A partir de entonces Akinxes ascendía todas las noches al cielo, y la gente que la contemplaba decía:
-¡Oh, vaya, que luna más pequeña sale últimamente!
"Así que a partir de ahora no intentes ser más guapa o guapo, porque el Sol también busca sustituto."
                                                                                                                                                 FIN